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Puños cerrados, cara roja, lágrimas a punto de brotar: cuando una emoción se desborda, a un niño le cuesta escuchar palabras. La respiración, en cambio, siempre está ahí. Aprender a exhalar despacio no hace que la furia o el miedo desaparezcan, pero ayuda a que el cuerpo se relaje lo suficiente como para poder conversar después. Siempre y cuando se practique en momentos de calma, jugando. Aquí tienes seis ejercicios de respiración adaptados para niños de 3 a 10 años, una guía animada para seguir juntos y nuestros consejos para proponerlos en el momento oportuno.
Por qué respirar ayuda a calmarse
Cuando sentimos miedo o enojo, la respiración se acelera y se vuelve corta. Al frenar el aire de forma voluntaria, y sobre todo al alargar la exhalación, le enviamos al cuerpo la señal contraria. Respirar de forma lenta y profunda, para luego soltar el aire con suavidad, ayuda a que los músculos se destensen: es una de las formas más sencillas que tenemos para bajar la tensión.
Saber calmarse forma parte de lo que las autoridades sanitarias llaman competencias psicosociales: reconocer las propias emociones, regularlas y gestionar el estrés. Estas habilidades se aprenden desde muy pequeños, y la respiración es una de sus herramientas más sencillas. Para ayudar a tu hijo a expresar con palabras lo que siente, nuestro artículo sobre ayudar a tu hijo a poner palabras a sus emociones complementa estos ejercicios a la perfección.
Practicar en momentos de calma, no en mitad de la tormenta
En el punto más alto de un berrinche, un niño no puede aprender nada nuevo: está abrumado. Pedirle «¡respira!» en ese momento suele molestar más de lo que ayuda. Por eso, los ejercicios se aprenden en momentos de calma, como un juego: por la noche antes del cuento, después de la merienda o durante un rato tranquilo. Cuando ya le resulten familiares, podrás proponérselos ante los primeros signos de frustración: «¿Hacemos el globo juntos?»
Seis juegos de respiración
El globo en la panza
Tu hijo coloca las manos sobre su panza e imagina un globo dentro. Inhala por la nariz: el globo se infla y las manos suben. Sopla suavemente por la boca: el globo se desinfla. Para los más pequeños, un peluche colocado sobre la panza hace de ascensor. La guía animada de abajo permite seguir el ritmo con la mirada.
La flor y la vela
Huele una flor imaginaria inhalando por la nariz unos tres segundos y luego sopla una vela imaginaria, despacio y sin hacer ruido, durante unos cinco segundos. La vela no debe apagarse de golpe: se sopla suavemente, como para hacer bailar la llama.
Los cinco dedos
Con la mano abierta, tu hijo sigue el contorno de sus dedos con el índice de la otra mano: inhala al subir a lo largo de un dedo y exhala al bajar. Cinco dedos, cinco respiraciones: es discreto y se puede hacer en clase o en el carro.
La serpiente
Inhalamos y luego soplamos haciendo «sssss» el mayor tiempo posible. ¿Quién hará la serpiente más larga? Este juego alarga la exhalación de forma natural.
La pluma y el molinillo
Soplar sobre una pluma para hacerla avanzar por la mesa o sobre un molinillo de viento para hacerlo girar despacio: el objeto hace visible el aliento y motiva a los más pequeños.
El cuadrado, para los más grandes
Hacia los 7 años, se puede seguir un cuadrado con los ojos: se inhala en un lado, se aguanta el aire en el segundo, se exhala en el tercero y se espera en el cuarto. Para los más pequeños, se eliminan las pausas.
Propón cinco respiraciones, no más al principio. El objetivo no es hacerlo perfecto, sino sentir cómo llega la calma. Luego pregúntale: «¿Cómo te sientes ahora?»

La respiración del cuadrado, en animación
Para niños de 7 a 10 años, el cuadrado ofrece un ritmo regular fácil de seguir. El punto se mueve a velocidad constante; solo hay que seguirlo con la mirada mientras se respira.

Crear un rincón de calma
Un rincón de calma no es un lugar de castigo: es un sitio agradable al que acudir cuando alguien se siente abrumado. Unos cojines, un peluche, un molinillo de viento, una imagen del globo que respira y, opcionalmente, un reloj de arena. Preséntaselo en un momento de tranquilidad y deja que tu hijo lo decore contigo. Si acude allí por iniciativa propia cuando está molesto, es un gran logro.
Respirar juntos
Los niños se calman en gran medida gracias a la calma del adulto. Cuando tu hijo esté alterado, empieza por respirar tú mismo, despacio, a su lado. Tu respiración se convierte en un punto de referencia. Esto también sirve para los padres: tomar tres respiraciones antes de responder a una provocación evita que la situación escale.
Estos ejercicios también tienen su lugar a la hora de dormir, para facilitar el sueño: nuestro artículo sobre el ritual de la noche propone integrarlos en el momento del cuento. Y cuando la frustración surge con los juegos de mesa, nuestra guía para ayudar a un niño que no sabe perder toma el relevo.
Preguntas frecuentes
¿A partir de qué edad puede un niño hacer ejercicios de respiración?
Desde los 3 años, con imágenes concretas como el globo o la flor y la vela. Los ejercicios que requieren contar o aguantar la respiración, como el cuadrado, son más adecuados a partir de los 7 años.
¿Y si mi hijo se niega a respirar cuando está enojado?
No insistas en mitad del berrinche. Quédate cerca de él, respira tú con calma y vuelve a intentar el ejercicio más tarde, en un momento de tranquilidad. La práctica regular es lo que lo hará útil.
¿Cuánto tiempo hay que practicar?
Uno o dos minutos, es decir, unas cinco respiraciones, son suficientes al principio. Lo importante es la regularidad: un ratito cada día vale más que una sesión larga de vez en cuando.
¿Basta con la respiración para controlar los berrinches?
Es una herramienta entre otras. Poner palabras a la emoción, entender qué la provocó y buscar soluciones juntos sigue siendo esencial. Si los berrinches son muy frecuentes o muy intensos, consulta con tu médico.
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