
Índice
El dado no cae en el número correcto, la ficha retrocede y llega la explosión: vuelan las cartas, corren las lágrimas, la partida se termina. Muchos padres renuncian entonces a los juegos de mesa o dejan ganar sistemáticamente a su hijo para evitar el berrinche. Sin embargo, aprender a perder forma parte de los grandes aprendizajes de la infancia, y el juego es precisamente el mejor lugar para entrenarse. Aquí te explicamos por qué perder es tan difícil, si debes dejarlo ganar o no, y cómo acompañar a tu hijo antes, durante y después de la partida.
Por qué perder es tan difícil
Para un niño pequeño, el límite entre «perdí la partida» y «no sirvo para nada» es muy delgado. Le cuesta entender que el azar influye, que los demás pueden tener más práctica o que una derrota no dice nada sobre su valor. Tampoco tiene siempre las palabras o herramientas para gestionar una frustración intensa: esta termina desbordándose en enojo, lágrimas o trampas.
Esta dificultad suele disminuir con la edad, a medida que el niño aprende a regular sus emociones. Santé publique France clasifica esta capacidad entre las competencias psicosociales: reconocer una emoción, mecerla o regularla, y gestionar un momento de estrés. El juego de mesa es un terreno de entrenamiento ideal, con muy poco en juego y adultos afectuosos a su alrededor.
¿Hay que dejarlo ganar?
La cuestión divide opiniones y la respuesta es matizada. Un principio recurrente entre los profesionales de la primera infancia es que, para aprender a perder, un niño debe haber probado primero el placer de ganar. Un niño pequeño que pierde todas las partidas contra adultos terminará por no querer jugar más. Dejarlo ganar de vez en cuando, sobre todo hacia los 3–4 años, mantiene el gusto por el juego.
Pero un niño que siempre gana nunca se entrena para perder y corre el riesgo de llevar muy mal la primera derrota frente a un compañero. El equilibrio evoluciona con la edad: hacia los 5–6 años, se puede jugar cada vez más «de verdad», eligiendo juegos donde el azar importe mucho, lo que da a todos una oportunidad real.
Antes de la partida
Unos minutos de preparación evitan muchos berrinches. Explícale con claridad: «En este juego se puede ganar o perder. Si pierdes, tienes derecho a sentirte decepcionado, pero no tiramos las fichas». Elige partidas cortas al principio: una derrota de cinco minutos se digiere mejor que una de una hora. Y evita empezar un juego cuando tu hijo esté cansado o con hambre: la frustración se desborda mucho más rápido.
Durante la partida: dar el ejemplo
Los niños aprenden muchísimo observando a los adultos. Cuando pierdas un turno, expresa en voz alta lo que sientes: «¡Oh no, retrocedo tres casillas… estoy un poco decepcionado. Bueno, respiro, es solo un turno». Le demuestras que se puede sentir frustración sin explotar. Al contrario, evita celebrar en exceso tus victorias: un ganador que se burla hace que la derrota sea aún más amarga.
Si la tensión sube, nombra la emoción: «Estás enojado porque querías ganar». Propón una pausa, unas cuantas respiraciones y luego reanudar si el niño lo desea. Nuestros ejercicios de respiración para niños son muy útiles en ese momento.
Después de la partida
El final de la partida es un momento clave. Propón un pequeño ritual: darse la mano, decir «bien jugado» y ordenar juntos. Luego hablen de lo que salió bien en lugar del resultado: «¿Te acuerdas de cuando encontraste la pareja escondida? ¡Fue una jugada genial!». Si tu hijo gestionó bien su decepción, felicítalo por ello, es un verdadero logro.
Si la partida terminó mal, vuelve a hablarlo más tarde, con calma: «Hace un rato tiraste las cartas. ¿Qué podríamos hacer la próxima vez cuando aparezca el enojo?»

Los juegos cooperativos, un excelente entrenamiento
En un juego cooperativo, todos los jugadores ganan o pierden juntos contra el juego. El niño ya no carga solo con el peso de la derrota y aprende a dialogar, ayudarse mutuamente y perder... en equipo. Estos juegos son muy útiles para hermanos de distintas edades, donde la diferencia de nivel hace que la competición sea injusta.
| Tipo de juego | Por qué ayuda | A partir de |
|---|---|---|
| Juego cooperativo de tablero | Ganamos o perdemos todos juntos | 3–4 años |
| Juego de azar (dados, cartas) | La derrota no tiene que ver con la habilidad | 3–4 años |
| Juego de memoria de parejas en equipo | Se cuentan las parejas encontradas entre todos | 4 años |
| Juego de estrategia corto | Se puede pedir la revancha de inmediato | 6–7 años |

Entre hermanos, considera también equipos mixtos, un mayor con un pequeño, o hándicaps voluntarios para equilibrar. Nuestro artículo sobre actividades para dos niños de distintas edades ofrece más posibilidades.
Preguntas frecuentes
¿A qué edad sabe perder un niño?
No hay una edad precisa, pero la mayoría de los niños gestionan mejor la derrota hacia los 6–7 años, cuando entienden el papel del azar y regulan mejor sus emociones. Antes de eso, las reacciones fuertes son normales.
Mi hijo hace trampa para no perder, ¿qué hago?
En los niños pequeños, hacer trampa suele ser una forma de evitar una emoción demasiado difícil. Recuerda la regla con calma, sin avergonzarlo, y ofrece juegos más cortos o cooperativos. Con los más grandes, pueden establecer juntos una regla antitrampas.
¿Hay que detener la partida si tira el tablero?
Sí, por ese día: recogen juntos y volverán a jugar más adelante. Evita castigarlo severamente; más bien hablen con la mente fría sobre lo que podrá hacer la próxima vez que aparezca el enojo.
Mi hijo no quiere jugar por miedo a perder, ¿cómo lo animo?
Vuelve a los juegos cooperativos o muy cortos, donde la derrota pese poco, y jueguen por el placer de estar juntos. La afición por el juego suele regresar cuando disminuye la presión.
